La Elaboración

El Coral es un maravilloso ser vivo y su estructura ramificada, que se asemeja a la de un árbol, tiene un propio valor estético. Sin embargo, desde la prehistoria el hombre labró esta piedra única en su clase para darle formas diferentes.  

Labrar el coral requiere profesionalismo, una capacidad que no es fácil adquirir y que es cada vez menos frecuente. A pesar de la evolución tecnológica, este tipo de trabajo aún se aprende como se hacía antiguamente: en el taller.

La experiencia es un tesoro precioso, un patrimonio que cada artesano debe adquirir para que sus manos, su corazón y su espíritu puedan crear la obra maestra de artesanía de altísima calidad, por la que los Liverino están famosos. En la actualidad, en la elaboración del coral hay un diálogo constante entre creatividad y tecnología. De los países asiáticos llegan equipos sofisticados para la elaboración del coral que, sin sobreponerse a la unicidad de la habilidad humana, confieren potencia y precisión a la mano sabia del artesano.
 

Para que puedan emplearle en la elaboración de objetos de arte o en la joyería, el coral bruto tiene que ser labrado con dos técnicas particulares: el LISO y la GRABACIÓN.

La primera consiste en crear formas geométricas y se emplea principalmente en la elaboración de las joyas.

En cambio, la grabación permite realizar productos manufacturados de varias formas y, a pesar de lo complejo que el coral originariamente puede parecer, se pueden obtener verdaderas esculturas.

En ambos casos, la elaboración del bruto se produce por sustracción de material mediante sierras, moladoras abrasivas y limas.

El proceso de elaboración termina con la fase de pulido que se efectúa con cera o barriles de motor eléctrico (burattatura).  

Existe también otra elaboración artística que incluye el uso del coral y de las conchas. Necesita de una gran maestría con respecto a las técnicas anteriores. Se trata de la elaboración del CAMAFEO. Esta palabra viene del francés "camaheu", que a su vez deriva del Árabe "gama'il", que significa botón de la flor. Es el nombre adecuado para describir una producción en la cual un hábil grabador dibuja el sujeto y  luego, mediante el uso de particulares buriles, graba la concha hasta que de la materia bruta florezca una minúscula y perfecta escultura.